El día 31 de diciembre de 1922 es el día de la llegada del tranvía a Sada. El pueblo lo recibe saliendo a las puertas de sus casas, engalanando sus balcones y aplaudiendo a su paso. Aquí lo podemos ver a su paso por delante de las panaderías de Sanjurjo (As Nenas) y de Miguel Pérez, cuyas casas son de las pocas que todavía se conservan. Es todo un acontecimiento para el pueblo de Sada. Llega por la calle del Pedregal que luego pasó a llamarse Barrié de La Maza en honor a D. Pedro Barrié de La Maza, promotor de que el tranvía llegara a Sada.
En esta zona más o menos está hoy el hotel. Aquí quedaban varadas las lanchas cuando la marea bajaba. Había una rampa que facilitaba la bajada a esta zona. En las casas que se ven al frente estaba uno de los molinos de maquia que había en Sada, y también una fábrica de gaseosas. Hoy aquí se alza una nueva urbanización.
Estos marineros son tripulantes de la embarcación "Emilio García" y están procediendo a embarcar el aparejo de pesca después de armarlo, es decir, después de coser y reparar las redes y añadirles el cabo con los corchos y plomos ensartados para poder salir a pescar. Las redes están extendidas en la playa y proceden a cargarlas en el barco varado. Luego tendrán que esperar a que suba la marea para poder salir a faenar.
En la foto podemos ver, en construcción, la embarcación “José Golán” en los años 60, en el astillero que existió en la calle de la Playa, aproximadamente frente a donde hoy está la cafetería Dalvi. En este astillero se reparaban los barcos de pesca y se hacían algunos de pequeñas y medianas dimensiones. Enfrente al astillero estaba la carpintería de ribera (que es el lugar donde se trazan, cortan y labran las diferentes piezas que conforman las estructura de los barcos de madera). Posteriormente esta carpintería fue trasladada al puerto y es el varadero que existe hoy al lado de la rampa que hay a la entrada de la escollera. Se conoce con el nombre de carpinteros de ribera los que se ocupan de la construcción de barcos de madera. El emplazamiento donde se construye el barco y se bota es el astillero, situado en la ribera del mar o de algún río. Hasta épocas recientes el astillero era un lugar situado en una playa desprovisto de edificaciones, excepto un simple galpón donde se almacenaban las herramientas, arrendado a su propietario particular o público durante el tiempo en que el carpintero de ribera construía los barcos contratados. A partir de los años cuarenta resultó relativamente fácil la obtención de concesiones administrativas para la instalación de astilleros, lo que facilitó el asentamiento de estas instalaciones en lugares determinados y estables, por lo que el carpintero de ribera invirtió en instalaciones permanentes con el fin de trabajar bajo techado en la variable meteorología gallega. El astillero se ubicaba en un lugar protegido de vientos, bien comunicado y con profundidad de agua suficiente para facilitar el lanzamiento al agua o botadura de los barcos con seguridad.
Parte superior del horno donde se cocían los ladrillos y las tejas y a donde se accedía por medio de una escalera de hierro situada en un lateral. En esta parte superior había una pequeña puerta desde donde se comprobaba la cocción. En el frente se puede ver la puerta de entrada para cargar el horno, estaba situada a unos dos metros del suelo. Una vez cargado, con el ladrillo seco, esta puerta era cerrada con ladrillos cocidos y sellados con una masa de barro.
Nesta foto pódese ver ó fondo as casas da Braña, o camiño que ía a Samoedo e o campón da xabana donde se fixo o instituto. Si, era así de bonito, todos eses campós hoxe son edificios. A esta nova imaxe da neve, ademáis das mesmas persoas da anterior foto uníronse Sofía e Chita,que en ese tempo vivian en esta calle. Para que non falte ninguén sen nomear direi que o can chamábase Bari. De momento todo está gardado na memoria.
Ubicada en la plaza de su nombre, hoy plaza de España, es una pequeña capilla (como puede verse a la derecha de la foto) de tipología muy simple, sin estilo definido. Según consta en una inscripción de la fachada, fue reconstruida en 1885, sobre los restos de otra edificación anterior, siendo párroco de Sada D. Gerónimo Rey Martínez. Reproducimos el escrito de D. Gerónimo Rey Martínez: “El 12 de Enero del Año 1885 por decreto del Cardenal Paya, Arzobispo de Santiago, se comenzó a derribar la antigua Capilla de San Roque, y enseguida a construir la nueva. D. Bernardino Rodríguez ha cedido un trozo de terreno que medía 5 varas; D. José María Tíe Pérez donó otro trozo para la construcción de la Sacristía. He conseguido de todos los labradores de la parroquia el que carreasen la piedra de la cantera de D. José Souto del lugar de Samoedo, gratis. D. José Gayoso, maestro de carpinteros construyó la puerta principal, gratis. D. José Couceiro Rodríguez construyó la puerta de la Sacristía, gratis. Por la construcción del púlpito se pagó 1.493 reales” Su planta rectangular da lugar a una única nave. Tiene un campanario de estructura de hierro con un enrejado de claras connotaciones modernistas. Contaba con una parte adosada, saliente de su planta rectangular, en su costado sur y donde se alojaba la sacristía. En la reforma efectuada en el año 2007 desapareció la parte de la sacristía que taponaba la calle que da acceso a la urbanización de As Brañas. Sus muros están recebados y pintados de blanco, por lo que sus paños contrastan con la cantería de los esquinales. El edificio es sencillo y austero. En agosto de 2009 fue aprobado el cambio de uso de esta capilla que pasó de tener uso religioso a uso cultural. Hoy está convertida en auditorio (con capacidad para 80 personas) y sala de exposiciones.
Agosto era muy esperado para celebrar las fiestas. Se puede ver en la foto la multitud de gente que acudía a la plaza de san Roque. Allí se celebraban juegos, cucañas, se puede apreciar un hombre subido a un palo. Y a la noche baile. Ponían el palco en el centro de la plaza. Era muy bonito porque se reunían toda la familia y vecinos. En la foto vemos casas que ya desaparecieron.
En esta foto podemos ver una antigua fábrica de salazón que estaba situada en El Puerto. Ya en las últimas décadas del siglo XVIII estaban instalados en Sada y Fontán hasta siete lagares con sus correspondientes almacenes, dirigidos por otras tantas compañías catalanas, que todos los años embarcaban gran cantidad de sardina prensada con destino a la costa del Mediterráneo, sin que faltaran remesas enviadas a puertos del Cantábrico e incluso a los mercados de Indias. También un buen número de arrieros maragatos venían a Sada, con asiduidad, para cargar en sus recuas una cantidad considerable de salazón de sardina que llevaban hacia el interior de Galicia y a pueblos de León y Castilla. Desde 1765 se incrementa la presencia de traficantes catalanes que introducen mercancías de su país e instalan las industrias conserveras de la pesca. Veinte años más tarde dichos traficantes ya habían instalado media docena de fábricas de salazón en Sada, Fontán y en la ensenada de Cirro-Veigue que, hacia 1820 ya se habían duplicado. Fue, pues, el negocio de la salazón el que proporcionó, con creces, los más pingües beneficios a los empresarios foráneos, lo que les permitió adquirir cuantiosas tierras tanto en Sada como en las parroquias del entorno. Debido a las mediocres condiciones de acceso a la costa de Sada y Fontán, el tráfico comercial por vía marítima se vio reducido a barcos de poco calado que, no obstante, llegaban a Sada y Fontán, principalmente, a traer la sal (de la que se abastecían las fábricas de salazón pesquera) desde la gran base salinera de Setúbal en Portugal y también de Inglaterra, Holanda y Suecia. Normalmente eran los buques de bandera extranjera los que transportaban los cargamentos de sal.