VII EXPOSICIÓN MEMORIA DE SADA: 1-31 AGOSTO 2019 - MÁIS INFORMACIÓN

Patrimonio

O patrimonio é o legado que recibimos do pasado e que debemos coidar no presente para poder trasmitirllo ás futuras xeracións. Nesta sección ten cabida todo o relacionado co patrimonio de Sada. Etnografía, arquitectura popular e relixiosa, documentación histórica e todo o que nos poida axudar a coñecer un pouco mellor a nosa historia.

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Mapa de la fábrica de jarcia y lona

1675

Adrian Roó y Baltasar Kiel, naturales de los Paises Bajos, levantaron en Sada un complejo industrial textil de grandes proporciones.

Este complejo tenía una superficie de 40.000 metros cuadrados. En un censo del año 1757 se enumeran hasta 24 instalaciones del mismo (talleres, almacenes, viviendas, cuarteles, etc.).

Estaba integrado por tres diferentes factorías textiles, creadas en distintos momentos por los citados industriales flamencos radicados en La Coruña y Sada respectivamente: la primera fue la de jarcia y lona para los navíos de S.M. en 1.674 (que es la que se ve en el facsímil reproducido) creada antes de la organización en España de la Junta de Comercio y Moneda por el Duque de Medinaceli; la segunda fue la de lienzos manteles en 1.684, organizada ya en el tiempo de la citada Junta y, en parte, con la ayuda de ella, para imitar en España los géneros de Flandes y Holanda; y la tercera, la de paños en 1.695 que aspiraba a competir en el mercado español, principalmente en el gallego, con los géneros similares de Inglaterra, sobre todo en la confección de granas y escarlatas.

En estas instalaciones era en las únicas de España donde se podían fabricar, cada año, tres mil quintales de todos los género de jarcia y grandes partidas de lona para surtir a la Real Junta de Armadas, utilizando para ello el cáñamo, que era importado del Báltico y también de las provincial levantinas españolas.

En 1.721 el Intendente Don Rodrigo Caballero pasó personalmente a reconocer las fábricas establecidas en Sada, para paños, jarcia, gumena y lonas. Comprendió y así lo hizo saber que las fábricas de lona, jarcia y cables establecidas en Sada, era lo mejor que había visto; y que ni en Cádiz, ni en Alicante, ni en Valencia, ni Barcelona había encontrado mejor acomodamiento que en Sada para estas fábricas, siendo éstos unos géneros precisísimos para la navegación.

Explicó asimismo que, habría sido un error comprar estos materiales a extranjeros por lo poco que duraban y lo costoso que salían. Que él lo sabía por experiencia propia en diferentes casos que expresaba, en que habiéndose roto todos los cabos y aparejos comprados a extranjeros, los hechos en España se mantuvieron firmes; lo que, dice: consistía en que en España se hacían de materiales frescos y de buena ley, y fuera introducían en las filásticas estopa de mala calidad y cables deshechos, no siendo ésto comprensible a todos ya que se disimula con la brea y es necesario tener gran experiencia para notarlo.

Esta empresa empieza a tener problemas: oposición de Inglaterra por miedo a la competencia que pudiera causarles la fábrica de Sada, pocos operarios cualificados, carestía del cáñamo nacional y del importado de los países del Báltico, por los riesgos del transporte debido a la situación de guerra con Francia y poco mercado interior por no tener Galicia, todavía, unos astilleros importantes.

La fábrica continuó en pie hasta mediados del siglo XVIII en que apareció un nuevo problema: las disensiones entre los herederos de Roó y Kiel que definitivamente arruinaron la fábrica.

Ante esta situación, en 1750 la Corona determinó hacerse cargo de esta fábrica, a la que consideraba de sumo interés por las manufacturas que allí se realizaban, pensando que vigorizaría las obras de la industria naviera ferrolana destinadas a fortalecer la Marina Nacional.

En cuanto la Corona se hace cargo de la fábrica, ésta pasa a llamarse REAL FABRICA DE SADA. Esta nueva etapa fue muy beneficiosa para la Villa. Posibilitó una expansión comercial acompañada de un crecimiento demográfico importante.

Sada se convirtió en un importante depósito de cáñamo manufacturado en el norte de la Península Ibérica, y el puerto también se benefició de este activo comercio. La mayoría de los 300 vecinos vivían a expensas de la fábrica, lo que tuvo como contrapartida el abandono del campo.

La Corona tenía en Sada tres edificios para diferentes operaciones de fabricación: una casa estufa para alquitranar la jarcia, una casa almacén y una casa vivienda. Todos estos edificios fueron comprados a sus antiguos dueños.

Se conserva un manuscrito de 1757 que aporta datos muy precisos sobre las instalaciones: 24 talleres, almacenes, viviendas y casas cuartel para la tropa encargada de la custodia de la fábrica, formada por un sargento, cuatro cabos y dieciséis soldados, en un total de 40.000 metros cuadrados en los que, en 1777 trabajaban 221 operarios que llegaron a ser 675 en el momento de mayor auge. El equipo técnico estaba compuesto por dos ingleses, un holandés y un catalán.

En 1762 el Estado dispuso el traslado de esta fábrica a Ferrol por seguridad; debido al estado de guerra de la época se consideró que Sada no estaba bien defendida a pesar de las dos baterías, una instalada en la punta de Fontán, y otra en Sada llamada Corbeiroa, de mediados del siglo XVIII, precisamente construida para defender la fábrica.

El efecto del traslado fue muy grave para Sada, que experimentó un notable descenso demográfico y los edificios quedaron en ruinas.

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