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Una caseta de la playa

Playa de Sada, 1978

Esta foto enviada por Yul Somorrostro nos muestra un modelo de caseta de playa decorada con mucha originalidad.

En Sada, las casetas que se ponían en la playa eran particulares y se hacían y decoraban a gusto de sus propietarios.

A continuación transcribimos la historia que, sobre la misma, nos hace llegar Yul ya que es el que mejor puede describir la historia de la caseta de su familia.

“Hoy les envío una foto del año 1978. En ella se ve la caseta de playa de la familia Somorrostro Golán.
Se ve la parte lateral/trasera, ya que las puertas siempre estaban en dirección del mar.
No sé quién fue el constructor de la caseta, pero me puedo imaginar que haya sido mi abuelo paterno, Antonio Somorrostro Bermúdez.

Esta caseta fue única en su tiempo, ya que "normalmente" solían estar pintadas a rayas con colores diferentes.
La nuestra la decoraron con diversos dibujos al estilo tebeo mi tío Gerardo Serantes Pernas, cuyo dibujo es el Hipie con barba y gafas de sol (la G es por Gerardo), mi tía Felisa Somorrostro Golán dibujó el pato Donald con una flauta en manos con algunas notas musicales (y una F por Felisa), y mi padre, Antonio Somorrostro Golán había dibujado un Mortadelo en el lado no visible (tampoco existen fotos de ese lado de la caseta, una pena). La parte frontal con puerta estaba simplemente en blanco.

Recuerdo que cuando empezaba la temporada de playa, mi padre (si es que estábamos de vacaciones ahí), mi tío y algún ayudante más, cogían la caseta, que estaba guardada en el bajo de la casa de mi tía abuela Juanita Golán Deus, cargaban las piezas en una carretilla y la transportaban desde la calle del Arenal en la Tenencia hasta la playa - creo que si eso lo hace alguien hoy en día, sería más que extraño.

Al llegar a la playa hacían un agujero (de más o menos 30 o 40cm de profundidad, para que la caseta tuviera un aguante) en la arena en el sitio reservado - creo recordar que no se podían poner donde uno quisiera. La nuestra tenía un sitio idóneo, ya que estaba justo al lado del Chiringuito.
Luego en el agujero se montaba la caseta.

Recuerdo muy bien el olor del interior de la caseta. Aunque era principalmente para cambiarse de ropa y guardar las pertenencias y cosas para la playa, me gustaba entrar y escapar un poco del sol y el jaleo de gente. Ese olor a arena, salitre, colchones inflables de tela, se quedó grabado en mi memoria y cuando lo recuerdo tengo ese olor que me recuerda a vacaciones y sobre todo a Sada.

Disculpen, una larga historia para una cosa tan pequeña como lo es una caseta de playa.
Pero muchas veces en la vida son las cosas pequeñas las que traen grandes recuerdos.”

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